La persona detrás del estudio
Erick González
Me mueven cuatro áreas que casi nunca se hablan entre sí —audiovisual, animación 3D, ingeniería de software y mecánica— unidas por una idea: una mente que salta entre mundos no es un defecto que corregir, sino otra forma de construir.
De cuatro pasiones a un solo proyecto
Siempre pensé que estas pasiones no encajaban y que, tarde o temprano, tendría que elegir una. Pero no: mi mente no funciona así. No puedo elegir un solo camino y olvidarme de las otras áreas que me apasionan. Lo intenté.
Hasta que una Ford Bronco de 1996 hizo que los cuatro mundos que me mueven —audiovisual, 3D, ingeniería y mecánica— dejaran de competir por mi tiempo y se volvieran, por fin, un solo proyecto. Conoce más de esta historia →
¿Por qué decidí construir un sistema de gestión no lineal?
Cuatro problemas que viví en carne propia. El sistema nació para resolverlos, uno por uno:
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Ninguna herramienta sostenía cuatro mundos a la vez
Probé gestores de tareas, apps de productividad, sistemas de notas, tableros de proyectos —organicé mi vida profesional de mil maneras—. Ninguno servía para fortalecer y sostener habilidades de cuatro mundos al tiempo sin que se me cayeran: siempre terminaba con notas sueltas que no llevaban a ningún lado.
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Necesitaba un mapa donde los caminos se cruzaran
Las cuatro áreas me apasionan, pero no sabía cómo unirlas: si me metía de lleno en una, sentía que abandonaba las demás. Necesitaba un mapa que me mostrara dónde se interconectan, para avanzar en una sin traicionar a las otras.
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Crear contenido me consumía todo el tiempo
Soy audiovisual: sé lo que pesa producir contenido. Pero la planeación, la estrategia, escribir artículos con SEO, AEO, GEO y E-E-A-T, pensar hooks que atrapen, diseñar posts, el copywriting —todo lo que hace falta para posicionar una marca— me resultaba abrumador. Necesitaba un sistema que levantara ese ecosistema digital sin frustrarme en el camino.
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Quería enseñar y vivir de lo que aprendo
Me gusta enseñar, pero también quería monetizar ese aprendizaje: cursos, guías, activos digitales para una comunidad de la que yo mismo fuera parte. Planear y crearlos desde cero también abruma. Así que el sistema tenía que resolverlo de raíz: que mientras aprendo vaya construyendo el curso casi sin darme cuenta, con una estructura potente, que enseñe de verdad y que —a través de proyectos— quien lo tome sienta que valió la pena.
El expediente
No empiezo de cero. Llevo años recorriendo estos caminos sin saber adónde me llevaría cada uno, ni si algún día se cruzarían: me formé en audiovisual, estudié animación 3D a la vez que ingeniería de software y, como ya te conté, una Ford Bronco me empujó a la mecánica. Nadie salta de audiovisual a 3D a software a mecánica en línea recta — y ese zigzag no es el defecto: es la prueba viva de la tesis que defiendo. La mezcla nunca fue desorden; era un plan que todavía no sabía leer.
Lo difícil de copiar no es un dominio suelto: es la mezcla. Un narrador audiovisual que modela en 3D la pieza de un motor, la hace funcionar y enseña mecánica a través de ella —y reutiliza esos assets en series, videojuegos y clases—. No es un programador jugando a artista: es lo que aparece cuando seis mundos técnicos se cruzan en la misma cabeza.
No busco parecer un experto que llega con todo resuelto, ni ser un doctor en cada área que toco: busco abrir una ruta. La meta es una categoría que en español todavía no existe —la gestión del pensamiento no lineal— y demostrar, obra por obra, que funciona en cualquier terreno: 3D, mecánica, código, audiovisual, narrativa. Empiezo desde un punto de partida honesto y lo camino a la vista de todos. Voy de primero, pero la ruta está trazada para cualquiera y el instrumento lo puede usar cualquier mente que salte entre mundos: si esa mente es la tuya, no llegas tarde, llegas a tiempo — esta ruta, y la comunidad que empieza a crecer a su alrededor, también son tuyas.
Lulo